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MICHEL DAVID: FUNDAMENTAR EL PAISAJE Y SUS CÓDIGOS

 

El artista francés afincado en Gran Canaria exhibe su obra en la galería Ágora de Nueva York

 

FRANCESC ZANETTI

 

La Galería Agora del neoyorquino barrio de Chelsea acogerá el próximo día 27 de julio, la última entrega del artista francés afincado en Gran Canaria, Michel David, que tras su indagación plástica acometida sobre el territorio líquido de Venezia, se adentra en una sugerente abstracción en su nueva serie inspirada en un recorrido que cruza de norte a sur su país.

David consigue con su nueva propuesta denominada genéricamente Oxígeno alejarse del expresionismo figurativo para ofrecernos unas piezas equilibradas que integran con eficacia todos los elementos de la composición, desde las texturas a la luz, pasando por las ricas gamas cromáticas, cuyo resultado parece trasladarnos a los confines de nuestra propia memoria. David ha contrabalanceado su libertad expresiva en esta nueva e importante cita tras su primera exposición individual presentada en la Galería Vegueta de la capital grancanaria, hacia un profuso y denso expresionismo matérico que termina replegándose sobre su elocuente dimensión, hasta transformar sus composiciones en transitadas cartografías sentimentales. La abstracción paisajística practicada es una, porque cada trazo habla del misterio último de la creación. Paisaje de potencia absoluta. Su luz, su forma, su transparencia, su materia, su aire, sin límite ni término y, en consecuencia, en el espacio, inmóvil. 

Como advierte Natalia Ferrando en el texto elaborado para la entrega neoyorquina, Michel David parece reducir lo complejo a simple, y los valores expresivos de su pintura  y  de su capacidad para relacionar el color creando estados de animo  de serenidad y sosiego, anima al espectador a sentirse inmerso en esos campos de color, que son el vehículo que utiliza el artista para expresar emociones y conceptos.

El artista galo se sabe dominador del color y de los complicados procesos técnicos de yuxtaposición y acumulación para terminar logrando esas atmósferas sugerentes y llenas de templanza estética que crea. El pintor se ha desplazado del azul del agua al verde de la tierra en esta serie que surge a partir de la interiorización de algunos paisajes de la húmeda zona de Bandama-Los Hoyos en donde reside. La combustión vegetal de dicha zona fija la atención de David cuyo anhelo cerebral ha terminado por traicionar la memoria pegajosa que mantiene por similitud con algunas zonas del sur de su Francia natal como Avignon o Camargue. 

Y en esta serie de paisajes su lenguaje escenifica una dialéctica y enriquecedora relación formal y conceptual, que ilustra muy adecuadamente las resonancias epidérmicas, orgánicas y hasta cósmicas, de algunos de sus cuadros. Como apunta Gabriel Albiac, la obra de arte es una súplica de eternidad alzada sobre materia efímera. Y la belleza siempre queda en la memoria como un lugar sagrado. Michel David se decantó por los prodigiosos canales de Venecia hace un tiempo apenas, y ahora se estremece con las líricas y crepusculares extensiones de Avignon. El caso es desafiar la repetición de la inquietante simetría de la belleza, ese signo con el que empieza y termina todo, el refugio instintivo de la capacidad de superación y celebración de la vida que nos proponemos cuando miramos con inteligencia lo que nos resulta inexplicable.

Michel David, igual que planteara en su anterior serie dedicada a Venecia, recupera su memoria a través del paisaje. Esos lugares que el artista pinta dotados de una alta temperatura sugestiva y poética, sabe que constituyen su lugar de proyección en el mundo, y su reconocimiento favorece su voluntad de representarlo. Y en casi todas las piezas que ofrece en esta muestra neoyorquina queda claro ese diálogo, fecundo, emocionante, artístico que Michel David sabe establecer entre lo que la pintura le revela y lo que él le añade a tal revelación reconociéndola. Como en un procedimiento genesíaco, en la mayor parte de sus obras, extrae las claridades, las gradaciones de verdes desde las diversas profundidades del negro, y lo hace con el mismo acierto artístico y atinada sensibilidad con los soportes mixtos empleados, sea tierra o papel.